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Costa Noroeste de EEUU – Día 2

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Costa Noroeste de EEUU – Día 2

 Seattle –> Port Crescent – Cape Flattery

Me he despertado a las 2:00 de la madrugada pensando que ya habría amanecido. Por suerte he podido volver a dormirme un ratito más. ¡El jetlag se está haciendo notar!.

Nos hemos levantado a las 6:00 para desayunar. La verdad es que de todos los moteles en los que hemos estado, éste es el que mejor estaba en cuanto al desayuno. Nada que ver con los bufetes de España, no os vayáis a pensar, pero por lo menos había variedad… y fruta!. ¿Sabéis que aquí existe la Philadelphia sabor a fresa? Y que nunca en la vida había comido unos bollos tan ricos como los de esta zona? (Son mejor que los de mantequilla de Bilbao :O Alguien me matará por decir esto…)

Aún no sabíamos que nos iba a deparar el día de hoy, así que después de desayunar hemos estado un buen raro buscando rutas en la Península de Olympia y el Olympic National Park. Por suerte, ayer conseguimos una tarjeta de internet para el móvil con 4G en T-Mobile, así que podemos mirar mapas y rutas mientras nos movemos por Estados Unidos. Sobre todo google maps… que va a ser nuestra salvación en este viaje.

Iniciamos el viaje rumbo a Port Crescent (Pasando por Port Angeles). Al ser primera hora de la mañana, había un tráfico terrible. Cruzar Seattle es como cruzar Madrid en hora punta. Cuando llevábamos una hora conduciendo y por fin habíamos conseguido salir de la ciudad, de repente nuestro GPS ha dicho: “Siga por la izquierda y a continuación, tome el Ferry” –  ¿Ferry? ¿Qué ferry? Pues sí amigos, la magia del Gps. Hemos cruzado en barco, coche incluído, desde Edmond hasta Kingston.

Una vez lejos del bullicio de la ciudad, he conseguido relajarme en el coche. Nos adentramos en carreteras que atraviesan bosques y lagos. Son preciosas, con sus dos típicas rayas amarillas y bosques frondosos a ambos lados. Nos dan ganas de pararnos en cada rincón. Las casitas de madera, granjas rojas, jardines con abetos y tractores antiguos… abundan a ambos lados de la carretera. Los coches son enormes y muy modernos, al igual que los camiones. Hasta existen los típicos buses amarillos para ir al colegio. ¡Como en los Simpsons!

También algún que otro árbol gigante…

Tras tres horas de viaje, por fin llegamos a Crescent Point, una playa en la que los bosques llegan hasta la orilla, con arena negra y un islote en medio del mar. Aprovechamos para hacer algunas fotos y comer, antes de que suba la marea y nos deje allí atrapados.

El tema de la comida está siendo un poco difícil. Cuando viajamos no solemos parar en restaurantes más que en momentos puntuales. Hemos entrado en el Wallmart para hacernos con una bombona (para el camping gas), y comida pre-cocinada para la cena. Parece increíble pero es súper difícil encontrar variedad. Todos los macarrones con de queso o de tomate. No hay nada más. Va a ser duro alimentarse de esto cada día. Así que hemos optado por comer ensalada todos los días. En eso sí que lo clavan, están buenísimas! (y qué me decís de las galletas? Es un paraíso para mi!!)

Nuestra idea es visitar un lugar más hoy y hacer noche en el Camping Hobuck Beach, en Makah Bay. Es una reserva de la antigua tribu Makah.

Según nos vamos acercando, comienzan a abrirse claros y a salir el sol. Parece que vamos a tener un bonito atardecer. Antes de llegar, nos cruzamos con varios carteles que nos avisan de que vamos a entrar en el territorio de los Makah. Pronto nos damos cuenta de que en la reserva no hay datos, ni si quiera cobertura para llamar. El tema empieza a intrigarnos. Estamos en la costa, pero rodeados de bosques, de enormes abetos y pinos. La niebla se arremolina entre los montes. Este lugar nos tiene totalmente cautivados.
Por fin llegamos al camping. 20$ la noche, lo cual está fenomenal.  Además esta en una zona preciosa, justo detrás de la playa. Está lleno de surfistas acampando, y muchos de ellos preparando las fogatas para cocinar la cena.

Decidimos montar la tienda antes de hacer algunas fotos al atardecer. Este año nos hemos traído una tienda de campaña un poco más grande para poder estar a gusto dentro. Después de montarla, salimos a la playa. La marea esta muy baja, y el agua crea una fina película sobre la arena creando un espejo perfecto. Hay una luz preciosa.

Guille ha querido entrar a surfear pero las olas vienen muy desordenadas. Así que hemos seguido con el plan, y nos hemos acercado en coche hasta Cape Flattery. Está tan solo a 15 minutos desde el camping.

Los paisajes de este sitio no dejan de recordarme a la película de Liberad a Willy. Realmente no sé si se grabó aquí, pero emocionalmente me lleva a mi infancia, sentada en el sofá de casa viendo una de mis películas favoritas durante muchos años. Este lugar es territorio de orcas, un animal al que adoro. Uno de mis sueños es poder verlas en libertad algún día <3
Aparcamos el coche e iniciamos una pequeña ruta de unos 20 minutos a pie. Antes de andar los primeros metros, hemos preguntado a unos señores si el lugar estaba muy lejos. Y nos han contestado que el lugar es peligroso porque el terreno está lleno de piedras y es dificil de andar. Han recalcado que era muy tarde y se nos iba a hacer de noche. Los carteles nos indican que no nos salgamos del caminito de madera bajo ninguna circunstancia, ya que en los últimos meses ha habido personas desaparecidas. Continuamos adelante con bastante intriga… La verdad es que aquí, la gente o es muy exagerada, o somos muy poco cautos. Así que decidimos ser poco cautos. ¡No nos íbamos a quedar sin ver aquello! Además, el camino está en perfectas condiciones, el trayecto es bastante corto y es súper fácil de acceder.

Seguimos andando, y el camino va a dar a un mirador desde el que se puede ver cómo los acantilados entran hasta el mar en formas caprichosas y con caídas libres de varios metros.

Al fondo, un faro suena profundamente cada varios segundos. El sonido es como de película de terror. Miramos hacia abajo y descubrimos unas aguas oscuras, negras como la piel de las orcas. Todos esos detalles hacen que este lugar se convierta en una experiencia extrasensorial. Los pelos se nos ponen de punta mientras vemos el paisaje y el sol poco a poco va escondiéndose. El camino de madera ya se ha acabado, y desde este punto no encontramos una perspectiva muy bonita desde la que hacer unas buenas fotos. Así que toca arriesgarse, vamos a salirnos del camino.

Vamos con mucho cuidado. Primero damos un paseo hasta uno de los acantilados de roca. Aunque la caída es peligrosa, el suelo es bastante estable. Nos sentamos allí. En un momento saco mi cámara de fotos y el parasol sabe volando hasta el mar. Guille y yo nos miramos el uno al otro. Se nos pone la piel de gallina. Y en ese momento entendemos el peligro de aquel lugar salvaje que parece que quiere tragarnos en cualquier momento. No hay apenas rastrohumano. Debemos ser los últimos que hemos visitado este lugar hoy, así que estamos rodeados de naturaleza… y animales. Yo no puedo dejar de mirar al mar, ojalá apareciera una orca.

El sol sigue escondiéndose, falta poco más de un cuarto ed hora para quedarnos a oscuras, y seguimos paseando por los acantilados buscando un punto de vista bonito. Después de un buen rato, aún no hemos conseguido sacar una foto que describa este sitio. El suelo sobre el que pisamos está blandito. Parece que en cualquier momento se vaya a desprender y vayamos a caernos. Tenemos miedo de no volver a encontrar el caminito de madera, así que hacemos una foto más y salimos pitando hacia el coche. No dejamos de escuchar el faro a nuestras espaldas, y el bosque cada vez se va oscureciendo más y más.

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